martes, 10 de enero de 2012

Imagen.

Creo que comienzo a saber de qué trata este juego, como se vive, como se siente. Sé también que no soy nada, que somos tan diminutos en el universo que nuestra existencia no importa mucho, y que nosotros estamos compuestos por pequeños fragmentos y es a través de estos fragmentos a partir de los cuales construimos al otro. Por eso creo que sólo vemos lo que queremos ver, que conocemos diminutas partes de las personas y creemos que con eso es suficiente, o bien las vemos todas, pero resaltamos sólo aquello que llena nuestra vida.

No es fácil, porque pensamos que nos han engañado y en parte es uno quien se engaña por esas características; y terminamos construyendo mal a las personas.

Entonces te agobias, caes en un trance de constante reflexión e imaginarias absurdas, tratas de conocer la esencia del universo escondido en algún lugar de nuestro ser, la esencia de las personas. Y comprendes de que no te pertenece, que no tienes porque construirlo, que su conocimiento no importa, que no lo hiciste antes y probablemente nunca lo hagas porque no te corresponde por qué hacerlo y que ahora sólo debes dejar ir esa construcción tan alejada de las diferentes realidades, tan alejada de las personas.
Sólo fue el azar, la experiencia, el momento, el lugar tan exacto, preciso y equivoco.